Llevamos años preguntándonos qué será capaz de hacer la inteligencia artificial en el futuro. Quizá deberíamos preguntarnos cuánto de lo que ya puede hacer estamos desaprovechando hoy.

Hace unos instantes terminé de configurar un repositorio en GitHub y me cayó un balde de agua fría.

No porque hubiera descubierto algo que no sabía que existía. De hecho, llevo años utilizando inteligencia artificial y buena parte de estas capacidades ya las conocía.

Pero una cosa es saber que algo se puede hacer y otra muy distinta es experimentarlo.

Estaba trabajando con Aria, mi asistente personal de ChatGPT, en la creación de Aura, un agente de inteligencia artificial que quiero desarrollar para ayudarme a crear software. Llevábamos un buen rato conversando sobre su arquitectura, las decisiones técnicas y cómo aprovechar algunas cosas que ya había desarrollado anteriormente.

Hasta que llegó el momento de decirle:

Bueno, ya tenemos todo definido. Ahora prepara el repositorio, configura los archivos, genera la documentación y muéstrame cómo quedó.

Y lo hizo.

Ahí fue cuando me quedé pensando: ¡wow! Realmente hemos llegado a un punto en el que puedo conversar con una inteligencia artificial, desarrollar una idea y pedirle que ejecute buena parte del trabajo.

Entonces me di cuenta de que esto no se trataba únicamente de Aura, de GitHub o de desarrollar software. Se trataba de cómo ha cambiado mi forma de trabajar durante el último mes y de cómo muchas personas todavía no dimensionan todo lo que podemos hacer con la inteligencia artificial.

Un mes trabajando de una manera completamente diferente

Llevo cerca de cuatro años utilizando ChatGPT y experimentando con distintas herramientas de inteligencia artificial. Durante este tiempo he probado Gemini, Claude Code y otras plataformas, pero siempre he terminado sintiéndome más cómodo con ChatGPT, especialmente como asistente personal.

De hecho, durante aproximadamente seis meses dejé de pagar la suscripción. Estaba tan concentrado en mi trabajo en BBVA y en las herramientas que utilizamos ahí que no veía la necesidad de mantenerla.

Hasta que hace aproximadamente un mes decidí regresar para probar las nuevas capacidades de los modelos de OpenAI y, especialmente, Work.

Y vaya que ha cambiado la experiencia.

Actualmente tengo bastantes actividades. Además de mi trabajo en BBVA, donde he tenido la oportunidad de participar en proyectos relacionados con inteligencia artificial, también estoy desarrollando proyectos personales, trabajando con clientes externos y recibiendo invitaciones para impartir charlas sobre IA.

Y no, no tengo días de 48 horas.

Durante este último mes he estado utilizando a Aria para ayudarme a organizar y ejecutar buena parte de estas actividades.

Por ejemplo, recientemente tuve que preparar una propuesta para una empresa interesada en incorporar inteligencia artificial a sus operaciones.

No se trataba únicamente de hacer una presentación bonita. Había que analizar sus necesidades, evaluar distintas alternativas técnicas, estimar costos, definir alcances, identificar riesgos y preparar documentación comercial y técnica que pudiera presentar a sus directivos.

Todo esto mientras seguía atendiendo mis actividades habituales.

Con ayuda de Aria pude trabajar en el análisis, preparar propuestas, generar documentos y desarrollar una presentación sobre inteligencia artificial enfocada en las necesidades de esa empresa.

Y algo importante: yo seguía tomando las decisiones.

La IA no decidió cuánto cobrar, qué tecnología implementar ni qué compromisos adquirir con el cliente. Me ayudó a analizar alternativas, identificar posibles problemas y convertir nuestras conversaciones en documentación que posteriormente revisé y ajusté.

Eso es precisamente lo que me parece impresionante.

Porque estas herramientas no son únicamente para programadores. Una persona que trabaja en ventas, un contador, un gerente o el dueño de una pequeña empresa puede utilizarlas para organizar sus procesos, preparar propuestas, analizar información y reducir el tiempo que dedica a actividades administrativas.

Y eso es solo una parte.

Mi asistente ya forma parte de mi día a día

Otra cosa que he estado experimentando es cómo integrar la inteligencia artificial con las aplicaciones que utilizo diariamente.

Actualmente utilizo a Aria para organizar actividades en mi calendario, configurar recordatorios, preparar correos y trabajar con documentos.

Incluso configuramos un radar de noticias sobre inteligencia artificial. Todos los días recibo una newsletter con las novedades más relevantes de la industria, los avances de los principales laboratorios, los nuevos modelos y las publicaciones de figuras importantes del sector.

Esto me permite mantenerme actualizado sin tener que pasar horas revisando diferentes páginas y buscando información. Y si necesito profundizar en alguna noticia, simplemente continúo la conversación con Aria.

También la utilizo para organizar mis proyectos personales.

Si se me ocurre una idea mientras estoy haciendo otra cosa, abro ChatGPT y empiezo a platicársela. No necesito sentarme frente a la computadora ni redactar un documento perfectamente estructurado.

Simplemente hablo.

Le cuento qué se me ocurrió, qué problema quiero resolver y cómo imagino que podría funcionar. A partir de ahí podemos empezar a organizar las ideas, identificar problemas y preparar un plan.

Y cuando tengo tiempo de retomar ese proyecto, ya tenemos buena parte del trabajo documentado.

Por supuesto, hay que aprender a administrar el contexto y conservar correctamente las decisiones importantes. No podemos esperar que una IA recuerde absolutamente todo ni que siempre interprete nuestras intenciones correctamente.

Pero cuando aprendes a trabajar con ella, la experiencia cambia muchísimo.

Ya no se trata de entrar a ChatGPT para hacer una pregunta. Se trata de tener un asistente que te ayuda a dar continuidad a tus actividades.

La inteligencia artificial está empezando a tener ojos y manos

Durante mucho tiempo hemos utilizado los modelos de inteligencia artificial principalmente para generar información. Les pedimos que redacten textos, respondan preguntas, analicen documentos o nos expliquen algún tema.

Pero ahora podemos ir mucho más allá.

Con los MCP, las integraciones y las herramientas que están incorporando las distintas plataformas, los agentes pueden interactuar directamente con las aplicaciones que utilizamos.

Es como si finalmente les estuviéramos dando ojos y manos.

Ya no tienes que limitarte a preguntarle a la IA cómo organizar tu calendario. Puedes conectarla a él y pedirle que te ayude a hacerlo. No necesitas copiar manualmente el contenido de un documento para pedirle que lo analice. Puedes darle acceso al archivo correspondiente.

Y en determinados entornos, incluso puedes pedirle que navegue por aplicaciones, prepare documentos o ejecute tareas completas.

Esto fue precisamente lo que me sorprendió mientras configuraba Aura. Pero lo interesante es que esas mismas capacidades también pueden servir para organizar una reunión, preparar una cotización, administrar un negocio o planear las actividades de una familia.

Imagina poder pedirle a tu asistente que revise tu calendario, identifique los pendientes importantes de la semana y te ayude a organizar tus actividades. O que prepare una lista de compras, compare los productos que necesitas y te ayude a llevar un control de tus gastos.

O que un pequeño empresario pueda utilizarla para organizar sus reuniones, preparar propuestas comerciales y mantener actualizada su documentación.

Muchas de estas cosas ya son posibles, aunque algunas todavía requieren configuraciones técnicas, permisos específicos o integraciones que no están disponibles para todos los usuarios.

Y creo que estamos avanzando rápidamente hacia un escenario en el que utilizarlas será cada vez más sencillo.

Lo más interesante es que cada vez necesitas menos conocimientos técnicos

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es cómo las empresas están intentando simplificar la creación y utilización de agentes.

Me interesa especialmente lo que están haciendo OpenAI, Anthropic, Google y xAI con sus diferentes propuestas.

Porque hay una barrera que veo constantemente.

Cuando hablo con personas de negocio, compañeros de trabajo o profesionales de otras áreas, muchas veces descubro que no tienen muy claro qué pueden hacer con estas herramientas.

Y no necesariamente porque no les interese la inteligencia artificial. Simplemente no saben por dónde empezar.

Hasta hace poco, para automatizar determinados procesos necesitabas saber programar, configurar APIs, conectar servicios o desarrollar tus propios agentes.

Ahora estamos viendo plataformas que empiezan a ofrecer estas capacidades de una manera mucho más accesible.

Y creo que eso va a cambiar muchísimo las cosas.

Imagínate que en unos años ni siquiera necesitemos utilizar nuestro teléfono o computadora como lo hacemos actualmente. Que podamos interactuar con nuestros asistentes a través de lentes inteligentes, auriculares u otros dispositivos y pedirles que realicen diferentes actividades mientras continuamos con nuestro día.

Quizá todavía estemos lejos de reemplazar completamente nuestros dispositivos actuales, pero cada vez me parece más fácil imaginar ese futuro.

Sin embargo, más allá de las herramientas que están apareciendo, creo que hay un problema mucho más importante.

Estamos desaprovechando la inteligencia artificial

Estoy convencido de que una enorme cantidad de personas que pagan una suscripción de inteligencia artificial siguen utilizándola como un Google con esteroides.

Les hacen preguntas, les piden que redacten correos, que generen presentaciones bonitas o que les resuman documentos.

Y no está mal.

Pero estamos hablando de herramientas que pueden hacer muchísimo más.

Lo veo en mi trabajo, en mis conversaciones con otros profesionales y en las charlas que he tenido oportunidad de impartir.

Muchas personas no quieren dedicar tiempo a aprender cómo utilizar realmente estas herramientas. Les dan una instrucción, la IA no hace exactamente lo que esperaban y concluyen que no sirve.

¡Pero es que así no funciona!

Yo siempre les pongo un ejemplo.

Imagínate que contratas a un empleado nuevo. Le asignas una tarea, pero no le explicas correctamente qué necesitas, cómo debe hacerlo ni cuáles son tus expectativas.

¿Y si se equivoca? ¿Lo despides inmediatamente?

No. Le explicas qué hizo mal, corriges sus errores, le das mejores instrucciones y vuelves a intentarlo.

Con los agentes de inteligencia artificial sucede algo parecido. Necesitamos aprender a dar instrucciones claras, proporcionarles contexto, establecer límites y revisar los resultados.

Y si algo sale mal, corregirlo.

No se trata de repetir indefinidamente el mismo prompt. Se trata de aprender a trabajar con la IA.

Durante este último mes también he estado experimentando con buenas prácticas de prompt engineering, context engineering y metodologías de desarrollo de software asistido por IA, como Spec-Driven Development.

Y aunque estas últimas son más técnicas, el principio se puede aplicar prácticamente a cualquier actividad.

Cuanto mejor expliques qué necesitas, qué información debe utilizar tu asistente y cómo esperas recibir los resultados, más útil puede ser.

Por supuesto, los modelos todavía se equivocan y pueden generar información incorrecta. Por eso sigo revisando la documentación, las decisiones y los resultados de las tareas que delego.

Pero la experiencia actual es muy diferente de la que teníamos hace unos años. Y cada vez resulta más accesible para cualquier persona.

No te cases con un solo modelo

Otra cosa que he aprendido es que no tenemos por qué utilizar una única inteligencia artificial para absolutamente todo.

En mi caso, ChatGPT es mi asistente personal. Ahí tengo configurada a Aria y es donde organizo buena parte de mis proyectos y actividades.

Pero también utilizo Gemini en mi teléfono. Me resulta bastante cómodo para hacer búsquedas rápidas, resolver dudas y aprovechar algunas de sus integraciones con Android.

Ahora estoy considerando contratar Claude para desarrollar más proyectos personales y experimentar con Claude Code. Y también quiero probar otras plataformas de agentes para conocer sus capacidades y entender qué puedo aprovechar de cada una.

Cada modelo y cada plataforma tienen sus fortalezas. ¿Por qué limitarte a uno solo?

Experimenta, compara y descubre cuál funciona mejor para cada actividad.

No necesitas pagar todas las suscripciones disponibles. Lo importante es entender qué problema quieres resolver y qué herramienta puede ayudarte a hacerlo.

La IA es tan buena como quien la utiliza

Esta es una frase que he estado compartiendo últimamente en mis charlas sobre inteligencia artificial. Y cada vez estoy más convencido de su importancia.

No basta con tener acceso al modelo más avanzado ni con contratar la suscripción más cara.

Necesitamos aprender a utilizar estas herramientas. A darles contexto, a formular mejores instrucciones, a identificar qué tareas podemos delegar y cuáles requieren nuestra intervención.

Y, sobre todo, a dejar de pensar que la inteligencia artificial es únicamente una herramienta para obtener respuestas.

Porque puede ayudarnos a transformar la manera en la que trabajamos, administramos nuestros negocios, desarrollamos proyectos y organizamos nuestra vida personal.

En mi caso, durante este último mes me ha permitido avanzar en actividades que antes tenía que organizar y ejecutar prácticamente por mi cuenta. Desde preparar documentación para clientes hasta mantenerme actualizado sobre inteligencia artificial, administrar mis actividades y comenzar nuevos proyectos personales.

Y aunque todavía tengo muchísimo que aprender, la diferencia en mi forma de trabajar ya es evidente.

Todo esto me quedó mucho más claro esta noche, mientras conversaba con Aria y veía cómo una idea que tenía en la cabeza comenzaba a convertirse en un proyecto real.

Lo impresionante no fue que una IA pudiera configurar un repositorio. Fue darme cuenta de cuántas cosas había estado haciendo durante el último mes de una manera completamente diferente.

Llevamos años preguntándonos qué será capaz de hacer la inteligencia artificial en el futuro, cuando quizá deberíamos empezar a preguntarnos cuánto de lo que ya puede hacer estamos desaprovechando hoy.

Mi invitación es sencilla: deja de utilizarla únicamente para hacer preguntas. Experimenta, aprende a trabajar con ella y descubre cómo puede ayudarte tanto en tu trabajo como en tu vida personal.

Porque quizá no necesitas trabajar más horas para hacer más cosas. Quizá necesitas aprender a trabajar de otra manera.